miércoles, 17 de septiembre de 2014

Doña Señora.

Recuerdo que cuando era niña e iba hacia la escuela a veces me encontraba con una mujer. Mi madre me apresuraba porque diario salía muy tarde para ir a la primaria y para forzarme a caminar más rápido se adelantaba mucho. Yo corría detrás cargando mi mochila mientras le decía que me esperara. Una señora me saludaba siempre alegre y me decía que se me iba a escapar, entonces yo apresuraba el paso hasta que la alcanzaba. Mi mamá no preguntaba sobre esta mujer, no sé si nunca la vio. 

La verdad es que jamás supe de dónde salía, a dónde iba ni cómo se llamaba. Era de esas personas que sonríen con los ojos, que no hacen ruido y que no tienen edad. Yo crecí, la señora seguía con el mismo pelo, las mismas arrugas, y la misma fuerza. Nunca dejé de ir tarde a todos lados. Caminaba junto a mí y me hablaba de la lluvia, el calor, la mañana o cosas hermosas y simples que no podía recordar más tarde ese mismo día. Dejaba de existir después de que atravesaba la calle y nos separábamos. 

El ritmo de sus pasos y la manera en que respiraba al hablar me contagiaban su manera sencilla de llevar la vida. Un día yo caminaba de regreso a casa llorando y ella se materializó junto a mí, no actuó diferente. No fingió preocupación ni pretendió darme ánimos. Compartimos la calle como de costumbre, me dijo algo sobre un atardecer cansado, cambió su bolsa a la otra mano y sacó unas llaves. Me distraje y no vi a dónde entró. Llegué más tranquila a casa con la mente clara y segura de lo que tenía que hacer para reparar aquello que eché a perder. Fue la última vez que la vi. Su sola presecia me hacía olvidar tristezas y preocupaciones. Curiosamente nunca hablé de ella con nadie más. 

Siempre que pienso en lo difícil de las relaciones humanas y en las tonterías que hacen que dos personas se manden al carajo recuerdo a esta señora porque creo que la amistad va más allá. Nos complicamos mucho la vida con cosas insignificantes, la confianza y el amor están ahi aunque les inventemos problemas alrededor. No todo es personal y mal intencionado, no siempre que uno se enoja la otra persona tiene que saber por qué. Las cosas son simples: uno puede quitar toda la mierda para ofrecer el alma y un trozo de acera.

sábado, 26 de abril de 2014

Sin razón

Desde el principio he sentido una fuerte necesidad de acercarme a ti, fue un impulso instantáneo. No te pareces a otros hombres que me atraen y no tengo explicación alguna de porqué de pronto te convertiste en un punto focal. Todo fue tan simple como mirarte y pensar: me gustas cuando estás de pie. Ahora veo esa marca en tu boca y me pierdo.
La verdad es que ni te conozco, no tengo material para justificar la idea de que eres tierno, bueno o divertido. Tomé la decisión arbitraria de que no eres un patán. Tampoco sé si realmente te agrado o sólo eres educado, ya me ha pasado antes: ahí viene ella, la que me mira extraño, ni modo, a sonreírle otra vez.
Parece que no tenemos cosas en común a parte de ciertos placeres o vicios ya generalizados en las personas de nuestra generación. Y no, no quiero ser de esas mujeres que de la noche a la mañana adoptan el gusto por cosas que ni siquiera entienden sólo para parecer interesantes ante los ojos de un hombre. Quiero que nos mires así, ajenos y heterogéneos.
Siento que no he aprovechado las breves oportunidades que he tenido para convivir contigo, me he limitado a mirarte como si con eso te pudiera dar a entender lo que deseo. Creí no me pondría nerviosa y cuando te abracé me sorprendí temblando. Quisera ser coqueta pero ya me acordé: yo no sé seducir, yo beso.


lunes, 31 de marzo de 2014

Zócalo

Sí, tengo el corazón roto, y hago lo posible para no pensar en él y en que las cosas ya cambiaron aunque no hayamos cambiado nosotros.
Lloré dos semanas seguidas, a ratos, con poquitas lágrimas y sin dejarme ver.
Parece que me extraña y me busca quizá con un poco de lástima. Yo trato de rodearme de otras personas en otros contextos.
El sábado me acordé de alguien, no lo conozco bien y sólo nos hemos visto tres veces. Lo pensé con intensidad y lo busqué con la mirada sin sber por qué. Apareció, atrás de mí, a menos de un metro, en medio de ochentamil personas.
Me sonrió con calidez y mantuvo una rato sus manos sobre mis hombros.
Algo así de simple hace que me mire al espejo y me pregunte ¿por qué tan contenta?
Necesitaba un evento fugaz de los que no prometen absolutamente nada y hacen hormiguear los pedazos del corazón.
No me quedé vacía y todavía confían en mí las casualidades.

domingo, 23 de febrero de 2014

¿La suelto?

Se sentó frente a mí e hizo un ademán con la mano que sostenía el porro, yo no quería fumar pero instintivamente acerqué la mía para recibirlo, él me sonrió y dijo que no. Me estaba ofreciendo su mano. —Estás muy frío. 

Nunca lo había tocado, nada más allá de un saludo rápido y serio. En todo círculo hay un tipo discreto, el que piensa mucho y sólo dice dos palabras, frases irónicas que o te dejan callado o te hacen reír. Tocaba la guitarra, muy bien y poquito, sólo para él. Todos queríamos escucharlo más pero nunca le subía el volumen. 

Creo que desde el principio tomó una inusual confianza hacia mí. Le gustaba que le hiciera compañía mientras se quedaba en silencio. Platicábamos muy poco, no era necesario. Nos caíamos bien así. Siempre se quedaba mirándome como si buscara algo en mi rostro, en cuanto lo sorprendía sólo me reía y le decía que dejara de hacerlo. Supuse que era su viaje, el estado alterado de conciencia quita los filtros que le ponemos a la gente, así se ve más real, más desnuda. Fue por alguien más que me enteré que era casado y con hijos, supe dónde vivía, en qué trabajaba y un poco de su vicios duros ya extintos. 

Al cabo de unos años me llegó el rumor de que él se sentía atraído hacía mí. No lo creí pero pronto comenzó con pequeños y directísimos piropos. Me hacía reír mucho el ingenio que lo llevaba a convertir cualquier situación en una oportunidad para decir que yo era guapa, que me haría bien un poco de sexo o que estaba enamorado de mí. Era un juego, nada más. Uno muy divertido en el que perdía el primero que se lo creyera.

Vi su mano aproximándose a la mía, inhalé profundamente al tiempo que descubrí que sus manos no eran tan ásperas como yo creía. Creo que no exhalé. Apreté sus dedos solamente —Estás muy frío —le dije. Hizo una mueca de triunfo y me soltó. Pasaban las horas y de cuando en cuando nos mirábamos. Un roce, una sonrisa, una distracción. Nadie parecía notarlo.

Comenzó a oscurecer y bajó aún más la temperatura. Tenía una chamarra y fue por ella a su auto, lo acompañé. Sabía que no íbamos por nada. Sólo nos paramos junto a la cajuela, fingiendo que en algún momento el la iba abrir. Después de un silencio eterno dijo: -Yo me voy a meter al carro ¿y tú?

Abrió la puerta, se metió, cerró la puerta. Respiré, caminé, entré. En silencio los dos. Sentados derechitos cada quien en su asiento con las palmas de las manos heladas sobre las rodillas. La mirada al frente. Respiró profundo: -Quiero sentir -susurró. Se acercó a mí con fuerza y determinación y el impulso terminó justo a dos centímetros de mis labios. Cubrí la distancia que hacía falta. Nos besamos suave y breve. Salió del auto.

Regresamos. Nadie nos echó de menos. Horas después en medio de una risa tomó mi mano. Un amigo lo miró, parecía celoso. Dijo algo que no tenía nada que ver para interrumpir. —¿La suelto? El amigo seguía hablando cada vez más fuerte y con más gestos llamando mi atención. —¿La suelto? ya, está bien, la suelto.

—Estás muy frío —le contesté.

viernes, 16 de agosto de 2013

agosto

desearía no pudrirme con este odio tan vulgar hacia quienes creen que eres completamente suyo. ojalá las sonrisas de tus manos eternamente cálidas las dedicaras sólo a mi espalda y ojalá no cupieran más almas en tus ojos creadores de singulares lenguajes sin palabras. quisiera no recordar tu aroma con todas las canciones y daría todo por no morir de incertidumbre cada mañana al pensar irremediablemente en ti. si pudiera repetiría una y otra vez aquella madrugada de humedad en ese sucio laberinto con tu cabeza hundida en mi pecho. pasaría la eternidad abrazando toda la tristeza de tu soledad y toda la dicha de estar a tu lado.

me da rabia saber que hay alguien que sí maduró el amor contigo y te dio todo a pesar de tus fobias, egoísmos y neurosis. y aún así no se me revuelve tanto el estómago como cuando veo a la que apenas te conoce y cree sentir algo por ti o por esa imagen idealizada que se ha creado, mucho más perfecta que la mía. yo nací para ti hace sólo seis años. todo lo que tengo lo he puesto ahí a tu alcance, pero no lo tomarás porque estás seguro de que llegará alguien más a ofrecerte algo mejor. soy nuestros días enteros de música con cientos de litros de cerveza, soy nuestras nocturnas caminatas en la lluvia y los sórdidos rincones de la ciudad donde se mezclan nuestros cuerpos. nada más. nada menos.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sueños a la inversa

Oiga, usted también pidió ron ¿verdad? ¿No se le hace que está como adulterado? apenas llevo tres copas y ya siento que las cosas giran hacia la izquierda. Jaja, sí, ya sé que eso está extraño, pero es que depende de la sustancia, las pocas veces que me da por fumar marihuana siento que todo va en el sentido de las manecillas del reloj. Alguien me dijo que es por la conexión con la tierra y el movimiento de rotación, pero además de no creerle una palabra porque andaba peor de pacheco que yo, la verdad es que no sé nada del Sistema solar y esas cosas. ¿A usted la gusta la marihuana? ... No me diga, se le ve en la cara, digo, con todo respeto. A ver si saliendo de aquí, claro, si este ron barato no nos mata, nos fumamos un porrito. Tengo un poco en mi auto, lo dejó un alumno.
Sí, no me vea con esos ojos, ya sé que no lo parezco pero soy profesor. No de esos respetables maestritos que pasan lista y usan parches en los codos, yo soy maestro de piano. Lo mío es la música clásica, que bueno, eso de clásica está mal dicho, porque clásico implica sólo un periodo de tiempo muy específico. Otros le dicen música culta, pero ahí sí se me hace una reverenda mamada. Toda la música es cultura, una expresión del ser humano que va más allá de satisfacer sus necesidades básicas. Y sí, yo sé que usted me va a preguntar por ese pinche reggaetón que estamos escuchando, pero ¿sabe? aun con todas las mamarrachadas que dicen esas canciones, siento que es un expresión artística más legítima que muchas otras. Por ejemplo las instalaciones, a esa gente le dan varo para irse dos o tres años a estudiar, que a Francia, que a España... y cuando regresan les conceden un espacio bien chingón. Todo para que salgan con unos tabiques que encima tienen cuatro cascos de caguama ¡así! y se dicen artistas. Ni siquiera se molestan en crear un buen sustento teórico. Luego cada vez que hacen una pendejada el mundo entero dice: dale chance, es un excéntrico. ¡Excéntricos mis huevos! que aunque se sienten taladrados con ese ritmo de mierda prefieren ir a un perreo que a una galería de arte contemporáneo.
Perdón, perdón, ya me exalté. Le digo que esto está adulterado, y eso que apenas llevo cinco, ¿tres?... bueno, bueno, la otra ronda se la invito yo.
¿En qué estaba? Ah sí, pues algo hay que reconocerle a esa música, verá, en mis mejores años, cuando daba recitales en la sala Nezahualcóyotl o en la Blas Galindo, llegaba a sentirme poderoso si con mis mejores interpretaciones de Mozart, Chopin o Satie alcanzaba a ver de reojo cómo algunas personas balanceaban ligeramente su cabeza o cerraban los ojos para dejarse llevar por los deleites sonoros. Ahora imagínese lo que han de sentir esos cabrones cuando ven cómo la gente prácticamente se pone a coger en la pista de baile... Pinche mundo injusto ¿no? Pero bueno, cada quien toma sus decisiones y es responsable de lo que le pasa. Yo desde morro siempre quise el piano, soñaba con tocar como Glenn Gould o Claudio Arrau... y ahora doy clases, ¿cómo ve?... Ya sabe lo que dicen: niño prodigio, joven promesa, viejo pendejo. ¡Ja! eso me lo dijo una vez un profesor, y sólo pensé: pinche anciano frustrado. Ahora no me atrevo a decírselo a ningún alumno porque no sé si es una sabia verdad o una maldición.
Y no se crea, ya de adolescente abrí un poco mi mente, me dieron ganas de tocar otras cosas, primero la guitarra, ¡cómo no! quería volverme rockero pero no supe ser tan rudo. Más tarde por quedar bien con una novia le quise hacer al trovador, pero ya se imaginará, convertí algo que de por sí me aburría muchísimo en lo más insípido que pueda imaginarse.
Yo anhelaba convertirme en uno de esos güeyes que van por la vida con su guitarrita y mata larga, ligando a las muchachas con esas canciones mojacorazones. Pero nomás nunca se me dio. Después sólo me amargué, entonces creí que el blues sería lo mío. Hasta me compré una armónica y un manualito para idiotas cuya primera advertencia era: No tocar la armónica con comida en la boca. Salió más difícil de lo que imaginé, no sólo no tenía los pulmones, sino que me hace falta ese algo. Luego según yo intenté ser filósofo, por aquello que dijo un célebre escritor que no me acuerdo cómo se llama: Cualquier haragán medianamente cínico puede dedicarse a la filosofía. Pero mi haraganería le ganó al cinismo. Además me da miedo pensar tan abstracto. Mejor ni le cuento de cuando traté de ser poeta, el más rápido fracaso de mi vida.
Con el tiempo las cosas cambian, no es que uno deje de soñar, pero ya sabe, las ex esposas, los hijos, la hipoteca, pasa uno el tiempo construyendo un futuro que nunca llega y no se puede disfrutar, termina uno soñando en el sentido inverso de las manecillas de reloj. Hablando de eso ¿vamos por ese toque?

martes, 19 de julio de 2011

Segundo día de tormenta

la noche anterior había soñado con nosotros. ya no te perseguía sin poder mirarte el rostro para escupirte un reproche anudado en la garganta. esta vez corría a tu encuentro, descalza y extrañamente feliz. alguien nos había regalado el tiempo y despierta no lo dejé de sujetar.

había llegado ya el tan esperado segundo día de tormenta. gotas ligeras y constantes formaban una de esas lluvias que son perceptibles sólo por su acumulación y por el eco de los círculos que se forman en el lodo.

nosotros adentro, guardados clandestinamente bajo llave, empapados, sin sentir el frío, sentados sobre una podrida alfombra, alumbrados con el naranja intermitente de los faroles de la calle, festejando treinta y dos años de heridas mortales.

el humo de varios colores danzaba para mezclarse con la música y empujar la ventana, intentando filtrarse al mundo real. sonrisas involuntarias provocadas artificialmente por ese hormigueo característico en los pómulos. tus manos eternamente cálidas sintiendo mis manos repentinamente suaves. cantábamos a Ella, pretendiendo ignorar lo que nos hacía estar juntos. te mostrabas agradecido por estar conmigo y decepcionado por sentirte solo.

guardaste la botella y te incorporaste decidido a explorar el lugar: un verdadero laberinto vacío, cilíndrico y de paredes blancas. en él crecían desde la nada angostas escaleras de caracol que desaparecían cuando uno terminaba de ascender, las puertas siempre ocultas por una pared circular que obligaba a llegar al centro antes de penetrar cualquier habitación. cada piso lucía igual al inferior pero ofrecía más puertas, espejos y escaleras. en el interior de un armario al que llegamos dos veces desde partes opuestas de la casa, se escondían unas goteras que sobre cacharros con ritmos aterradores se burlaban de nosotros.

en la habitación más grande los ventanales mostraban una diminuta selva rodeada por una ciudad de grandes edificios. contemplamos el paisaje un rato y al salir notamos que al lado había otra puerta diferente a las demás, me negué a abrirla. por otro camino bajamos a un cuarto pequeño y nos instalamos en un rincón. Triste, molesto o nostálgico tocaste mi cara y mirando a donde debían estar mis ojos me dijiste:

-te debo una de mis vidas.

yo respiré profundo y me recosté en tu hombro sin hablarte de mi miedo a la oscuridad.

viernes, 22 de abril de 2011

MIERDA MIERDA MIERDA

Y abajo un mensaje que yo te había mandado.

MIERDA MIERDA MIERDA


Seguramente eso piensas cada que te llamo.

MIERDA MIERDA MIERDA

¿Desde hace cuánto dejé de tener nombre?
Ni cuenta te diste. Me mostrabas el mensaje de arriba, para ver si yo conocía el número.

En la pantalla la lista

UN NÚMERO QUE ME VALE MADRES:
un mensaje que pregunta dónde estás.

Siguiente

MIERDA MIERDA MIERDA:
y las palabras que yo escribí a la hora exacta en la que te necesité.

No recuerdo qué decía. Te extrañaba, o una pendejada.

UN GRITO INTERIOR:
No me lo vuelvas a mostrar.

Más de cerca

MIERDA MIERDA MIERDA

Dejaste el teléfono a un lado.
La culpa que te provoca tanto asco me dio un beso. Sonreíste.
Acababas de excretar mi corazón.


MIERDA MIERDA MIERDA

No dije nada. Ya estábamos desnudos.

martes, 15 de febrero de 2011

Salto


qué caprichoso viaje en el tiempo. para cometer el mismo error nos cobraron más cara la tarifa.

evadimos todas las preguntas, dimos por sentado todos los reclamos.
los ojos empolvados y dispuestos no necesitaron argumentos.
la voz prefirió esconderse en el aroma. esa loción tuya, tan suave, tan poco varonil, el tabaco, el olor a cuerdas viejas, a sombrero sucio.
el calor de tu cicatriz cerrando los poros de mi esapalda. esas manos.
ah! ya me acordé de... suspiraste.
el sabor.
tu vista celosa de la vanidad de mi lengua en el espejo. ese sabor.
la sal que era sólo mía aunque fuera de todas las demás.
tus nervios apretados latiendo a cuatrocientos cuarenta ciclos por segundo.
la vieja sonrisita del cielo cuidando la peligrosa e infructífera misión.




domingo, 27 de diciembre de 2009

Lune bleue


la luna cachonda nos extraña, tiembla de frío porque no hay quien restriegue sus piernas contra las garras feroces de la hierba o empape su rostro con la tímida y suave lengua del concreto.
se siente sorda, no hay música silverstre y ya nadie le grita sorprendido y extasiado desde el hocico de esos perversos matorrales. también cree que comienza a fallarle la visión, entrecierra los ojos buscándonos en el balcón desmoronado del edificio ajeno ahora habitado por fantasmas, quiere ver si alcanza a distinguir los labios de la lluvia recorrendo la tibieza de tu espalda.
se sumerge en cada habitación del Miramar y se ahoga libre sin que sus manos estén amarradas con las gastadas y desafinadas cuerdas que rompiste. le angustia que no le llegue el aroma de tu insistente cigarrito, ni el verde humo embriagador de tu sonrisa.
ansiosa se hincha poco a poco y desespera, dirige sus gemidos a la nada y desea despojarse de su luminosa piel. todo por no saber que tú la miras de frente y yo de espaldas. cada quien desde un espejo diferente.
acércate un poco y la podrás tocar de nuevo.
la luna cachonda nos necesita.